- 3 de sep
Sé lo que tengo que hacer, entonces ¿por qué no lo hago?
- alex e isa
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¿Qué hizo que algunas de las resoluciones y sueños que tuvimos para este año no se hayan materializado?
Hablo de sueños que queríamos, que necesitábamos, de cosas que sabíamos que teníamos que hacer... pero que, aun así, no sucedieron.
Algunas no se cumplieron porque aparecieron otras prioridades, y quizás fue sabio aplazarlas.
Pero sabemos que hubo otras que sí queríamos hacer. Teníamos la voluntad, sabíamos qué teníamos que hacer e incluso podíamos encontrar el tiempo... y, aun así, las aplazamos.
¿Por qué?
Muchas veces, detrás de lo que postergamos hay algo que no queremos sentir.
Miedo a equivocarnos.
Miedo a no ser suficientes, a no saber lo suficiente.
Miedo a no hacerlo perfecto.
Miedo a ser rechazados, abandonados, dejados de lado.
Muchos de esos miedos nacen de nuestras heridas, de memorias dolorosas, de cosas que alguna vez vivimos.
Porque la función principal de nuestro cerebro no es cumplir nuestros sueños ni hacernos felices. Una de sus funciones más importantes es protegernos.
Y muchas veces intenta protegernos también del dolor emocional.
Entonces nuestro cerebro nos habla con historias... negocia con nosotros para evitar sentir nuevamente el dolor de una decepción, un engaño, una burla, una crítica...
“Mejor mañana.”
“Ahora no es el momento.”
“Cuando esté preparado.”
“Primero voy a hacer esto otro.”
Queremos avanzar, pero al mismo tiempo queremos evitar aquello que nos incomoda.
Es como querer acelerar mientras mantenemos el pie en el freno.
Y eso nos desgasta.
A algunos nos paraliza. Otros nos llenamos de cosas y estímulos para no sentir.
Miramos demasiado el celular, nos llenamos de trabajo, de distracciones, de pantallas...
Y desde que nos levantamos hasta que nos dormimos podemos vivir distraídos, sobrecargados de estímulos y de ruido.
Distraídos de nuestros propios sueños.
Y es así como regalamos nuestro presente, regalamos nuestra atención a otras cosas y postergamos aquello que realmente queríamos.
Muchas veces procrastinamos para evitar una emoción incómoda ahora, aunque sepamos que después nos costará más.
Pero hay una buena noticia.
Existe la neuroplasticidad.
Así como podemos desarrollar el hábito de postergar, también podemos aprender a anticipar.
Y para hacerlo necesitamos recuperar nuestra atención.
Necesitamos quitar distracciones innecesarias, aquellas que nos llenan de ruido y estímulos. Porque a veces vivimos como si tuviéramos una indigestión de cosas que no son buenas para nosotros.
Necesitamos cuidar nuestro cuerpo, nuestra energía y crear espacio para aquello que realmente importa.
Necesitamos pasar de postergar a anticipar.
Anticipar lo necesario para dar espacio a lo posible... y quizás hasta a lo que hoy nos parece imposible.
Pero cuando cargamos demasiado, es muy difícil hacer espacio para algo nuevo.
Por eso, antes de avanzar, a veces toca soltar.
Soltar pesos innecesarios.
Soltar aquello que ya no necesitamos seguir cargando de la misma manera.
Y desde un lugar más liviano, volver a mirar hacia adelante.
Pasar de postergar nuestros sueños a anticipar lo necesario...
para dar espacio a lo posible y abrirnos a la gracia de lo imposible, a esos milagros que la vida tiene para nosotros.
Entender por qué postergamos y aprender a cambiar esos patrones es justamente lo que trabajaremos en Neurociencia de la Procrastinación,
Aprenderemos por qué sabemos qué tenemos que hacer y aun así lo postergamos y, sobre todo, cómo empezar a cambiarlo.
Te dejo abajo el enlace con toda la información.
https://www.alexeisa.com/neurociencia-de-la-procrastinacion?coupon=CIENCIA
Un abrazo,
Alex