"Hace un año pasé por una fuerte crisis. Me cayó una lluvia de problemas y preocupaciones una encima de la otra, todas con soluciones lejanas y con poca perspectiva positiva. Llegué a ese punto límite donde uno dice “Ya no puedo más”.
Si te sientes así, puedo decirte que lo que más me ayudó en ese momento fue pedir ayuda. Cuando crecemos tendemos a pensar que debemos ser fuertes y resolver nuestros problemas con madurez e independencia. La verdad es que pedir ayuda no es fácil. Pedir ayuda te expone a ser vulnerable, a que puedan criticarte o a que te sientas débil o incapaz. No permitas que esos pensamientos te impidan buscar una mano que te ayude a levantarte, una terapia, un coach, un amigo que te escuche, te aconseje o te haga compañía.
Lo siguiente que puedo compartir contigo es que una vez que pude ver y aceptar que la ansiedad me había convertido en otra persona, un falso yo que no podía ver esperanza y que controlaba mis decisiones a través del miedo, pude dar el primer paso para liberarme.
Liberarse no significa convertirte en alguien que nunca tiene miedo, significa que puedes vivir y tomar tus decisiones porque TU quieres, porque escoges lo que es o no es bueno para ti. La ansiedad vuelve a aparecer, pero como cualquier otra emoción se va y ya no toma el control."